es toda una cuestión de autoridad... En el salón de toda casa de vecino manda el que tiene el cacharro... El que puede hacer zapping a placer, hasta agotar la paciencia del patio de butacas, claro está...
¿qué pasa cuando el mando no funciona? Cuando el mando [de las narices] no funciona uno se da cuenta de que no hace falta el zapping compulsivo, incluso de que no hacen falta tantos canales...
es una faena, sí... Al fin y al cabo, hay que levantarse del sofá [con lo agustito que se está] si realmente queremos cambiar de canal. Pero también pone a prueba nuestra paciencia, lo cual tampoco está nada mal. Al fin y al cabo existe la posibilidad de ver algo de principio a fin y no 2 películas y series a la vez... La multitarea está por doquier.
estar sin mando también es estar en descanso... Y ya no importa quién lo tenga.
y mañana, a ponerse las PILAS [el mando y yo, claro] :)
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